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viernes, 8 de mayo de 2015

El discernimiento y los... ¿héroes ineptos?





Para no confundir ciertas actitudes y aptitudes, lo cual suele ser frecuente, hay que discernir entre variopintas situaciones: 

1.- Normal
Actuar en circunstancias normales y sin mayor riesgo.

2.- Cobarde
Huir del peligro necesario (no innecesario). No puede ser Apta.

3.- Valiente
Actuar sin huir del peligro necesario (no innecesario).

4.- Heroica
Hacer cosas extraordinarias en condiciones extraordinarias corriendo peligro necesario (no innecesario). Puede ser Victoriosa o Derrotada, Apta o Inepta.

5.- Osada, Temeraria o Imprudente
Afrontar peligro innecesario. Puede ser Exitosa o Fracasada. A no confundir con Valiente o Heroica.

6.- Prudente
No afrontar peligro innecesario.

5.- Competente o Apta
Saber hacer algo y lograr metas.

6.- Incompetente o Inepta
No saber hacer algo y no lograr metas.

7.- Triunfante, Victoriosa, Ganadora o Exitosa
Lograr algo superando o venciendo a otros en competencia. No confundir con Valiente ni Heroica. Puede ser Prudente o Imprudente. Suele ser Competente y Normal o Valiente.

8.- Fracasada, Derrotada o Perdedora
No lograr algo siendo superado o vencido por otros en competencia. No confundir con Cobarde, puede ser Valiente, incluso Heroica. Puede ser Competente, o Imprudente e Incompetente, o 3S (Simplemente Sin Salida) por circunstancias aleatorias y fortuitas, o por desigualdad y falta de recursos.
Casi todas las ya mencionadas suelen ir combinadas con estas otras siguientes:
 
9.- Diligente
Actuar con rapidez, eficacia y eficiencia.

10.- Negligente
No actuar, o actuar con lentitud y con descuido, de forma ineficaz y tardía.

11.- Honesta
Actuar éticamente.

12.- Deshonesta o Fraudulenta
No actuar éticamente.

13.- Rutinaria
Actuar de modo y manera ya conocida y utilizada anteriormente, conservando la realidad existente.

14.- Innovadora
Actuar con modos y maneras nuevas y no utilizadas anteriormente, transformando la realidad existente.

15.- Sostenible
Actuar de modo que algo pueda durar y renovarse en lo técnico-económico, en lo social y humano, y en lo medioambiental.

16.- Insostenible
Actuar de modo que algo no pueda durar y renovarse en lo técnico-económico, en lo social y humano, y en lo medioambiental.
 
El discernimiento expande los límites del conocimiento humano, del conocimiento de uno mismo y del de los demás, y ayuda a saber y actuar rectamente.
Que cada cual discierna, que no es nada fácil.
 
Pensar > Suponer > Reflexionar > Discernir > Conocer > Preconizar > Probar > Saber
 
 
 

sábado, 15 de febrero de 2014

La destrucción del sector industrial.



 

El problema alcanza tales niveles de desastre industrial que va más allá de simples errores de estrategia empresarial. Es un caso de sociología industrial más que un problema de gestión. Estamos ante un caso muy particular de abierto desprecio por la economía del país. Esta es una historia de liquidación por derribo, a través de la cual nos hemos convertido en uno de los perdedores de la crisis dentro del escenario internacional. Lo más triste es que se ha acabado por volver insoluble el problema del paro, un ejemplo de que en las crisis desaparece cualquier reflejo de solidaridad.
Pérez Calleja, Antón. “La Reconversión Industrial: el cuento de nunca acabar”, Revista Ekonomiaz  nº20, 1991. Edit. Centro de Publicaciones GV.
 
 

 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Mayores.



Hace no demasiado tiempo, recordarán Uds la “boutade” del ministro de finanzas de Japón que pidió a los ancianos nipones un acto supremo de patriotismo: que aceleren su muerte para evitar gastos innecesarios a la sanidad pública. Lo dijo muy claramente: “Que se den prisa y se mueran…Yo me despertaría sintiéndome mal si sé que el tratamiento está pagado por el Gobierno”. Insólita sinceridad la del  ministro, a la sazón uno de los políticos más ricos de Japón, pidiendo el suicidio en masa como remedio para aliviar la crisis; pero insólita no solo por lo inhabitual de decir estas cosas en público, que tantos otros ya habrían pensado, sino por haberlo dicho a la provecta edad de 72 años. Incluso en Japón se ofendieron y el tipo zanjó el asunto pidiendo disculpas por sus “declaraciones inapropiadas” (sic).

Aunque meditando sobre el tema nuevamente al fin y al cabo no resulta disparatado intentar desembarazarse de los viejos cuando estás anegado de codicia. El capitalismo es un sistema que se basa en la rentabilidad independientemente de las necesidades de las personas. Éstas se convierten en un medio más y cuando alguien no es productivo, aunque haya trabajado toda su vida aportando recursos a la sociedad, es lógico que desaparezca como unidad de coste, por improductivo. Hace unos meses, un poco antes de las declaraciones del citado ministro japonés, el Fondo Monetario Internacional elaboró un informe pidiendo que se bajaran las pensiones por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”. Esto no ocasionó ningún escándalo, como lo del ministrillo japonés, porque cada vez nos suena más esta cantinela de que vivir más tiempo de lo debido es todo un problema.
Durante décadas se trabajó para que las personas vivieran más y mejor, pero ahora la crisis sugiere que dicha política sanitaria, asistencial, educativa, ha resultado contraproducente desde el punto de vista económico. En unos pocos años se calcula que en los países desarrollados se vivirá dos años más y eso preocupa al FMI y a muchos gobiernos que actúan como su alargada sombra sobre la economía real, es decir, contra los intereses reales de sus ciudadanos. Y no paran de intentarlo sin disfraz, con la piel de lobo, que al fin y al cabo ser auténticos les sale muy barato.

Pero puede haber otras fórmulas igualmente efectivas: trabajar más años, congelar leyes como la de Dependencia, privatizar la sanidad pública aunque haya que incluir los beneficios, imponer el repago del euro por receta para limar el consumo de medicinas, laminar competencias de las Comunidades Autónomas que tanto estorban la gestión del desaguisado, etc. Recordemos que la posibilidad de empeorar la expectativa de vida es algo factible, como ya demostró la política de Margaret Thatcher en el Reino Unido.
En el FMI se sabe que España , junto con Japón, es uno de los países donde la gente vive más años. El Gobierno está dispuesto a aplicar, obediente, las recetas propuestas de recortes por el despiadado organismo internacional a través de “los hombres de negro” de Bruselas. Lo cierto es que vienen a por los viejos con la disculpa de que hay que dar salida a los jóvenes. Y para ayudarles (…) y la subida del IVA en lontananza, en lugar de bajarlo y gravar las transacciones especulativas financieras que aliviarían las consecuencias de tanto regalo público a las instituciones financieras peor gestionadas, (…).

Es un grave error asociar solamente la vejez o la juventud con la edad como también lo es asociar la sabiduría a la edad. No se es más sabio por ser anciano pero está claro que existen jóvenes ancianos (...), y ancianos jóvenes de los cuales puedes aprender muchísimo. Todo menos apartarles para que no molesten y el ojalá que se mueran.

(Gabriel Otalora, Objetivo: los viejos, Deia, lunes 16 de diciembre de 2013).



miércoles, 17 de julio de 2013

Las ventajas de las cooperativas.





Según la Alianza Cooperativa Internacional, ante esta situación de incertidumbre y sufrimiento, las cooperativas pueden aportar un rayo de esperanza y claridad a los ciudadanos de todo el mundo. Entre los distintos modelos de empresa, solo las cooperativas ponen los recursos económicos bajo el control democrático. El modelo cooperativo es una manera comercialmente eficaz y efectiva de emprender actividades empresariales, que tiene en cuenta una mayor proporción de necesidades humanas, ventanas de tiempo y valores en la toma de decisiones. Es un instrumento que funciona bien en escala muy pequeña y en escala muy grande. El sector cooperativo tiene carácter mundial y ha creado millones de empleos en todo el planeta. Las cooperativas desarrollan la participación individual, pueden mejorar la autoconfianza y la resistencia, y pueden crear capital social. Las instituciones cooperativas generan la seguridad a largo plazo, son duraderas, sostenibles y exitosas.
Estamos en un momento histórico de oportunidades para el sector cooperativo. Ahora que las instituciones políticas de muchos países luchan por mantenerse al día en un mundo que se transforma rápidamente, resulta esencial que los ciudadanos muestren cada vez más iniciativa, espíritu emprendedor y vocación cooperativa para enfrentar los inevitables desafíos sociales y medioambientales que nos aquejan como comunidad global. Pocas veces han tenido igual relevancia que en 2012 los argumentos a favor de las cooperativas. Pero si no se logra un avance mancomunado en los próximos años, se desperdiciará este momento.
En 2020, la pobreza habrá aumentado, las dificultades de los jóvenes también y el calentamiento global tendrá impactos más frecuentes en la vida diaria. Cuando lleguemos al año 2020, deberemos recordar el año 2012 como el punto de viraje del concepto cooperativo y de contribución a la seguridad, el bienestar y la felicidad de las personas.
TU Lankide, nº 587, Mayo/Junio 2013.
 
 
 

martes, 9 de julio de 2013

Revoluciones tecnológicas y Derechos Humanos.






Los Derechos Humanos han sido formulados, aceptados y aplicados de forma paulatina,  y son inherentes a toda persona,  debido a la dignidad humana.
Acabada la Segunda Guerra Mundial, la ONU formuló la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, y ha ido evolucionando de forma progresiva, con las llamadas “generaciones” de derechos, tanto en su formulación como en su aceptación, aplicación y control.
Tras la “generación” de Derechos Humanos Civiles y Políticos, llegó la de los Derechos Humanos Económicos, Sociales y Culturales, y el proceso continúa.
Actualmente las tecnologías de información y comunicación, así como otras nuevas tecnologías,  constituyen lo que se podría llamar quinta revolución o paradigma tecnológico de los dos pasados siglos. Efectivamente, la primera revolución tecnológica de ese período fue la revolución industrial inglesa de 1771, seguida por la era del vapor y los ferrocarriles desde 1829, la era del acero, la electricidad y la ingeniería pesada desde 1875, la era del petróleo, el automóvil y la producción en masa desde 1908 y la era de la informática y de las comunicaciones desde 1971.
Las tecnologías de la información y comunicación han permitido establecer comunicaciones a escala planetaria, y junto con otras nuevas tecnologías como la ingeniería genética y las biotecnologías, hacen posible por primera vez para la humanidad nuevas formas de ejercer los derechos, pero como todas las conquistas de la ciencia y de la técnica también nuevas formas de dominio.
Por todo ello, es necesaria una nueva “generación” de Derechos Humanos para adaptar los actuales a las nuevas realidades existentes en este contexto tecnológico, el cual afecta a aspectos científicos y tecnológicos, pero también a  aspectos sociales y humanos que deben ser regulados por las instituciones jurídicas y políticas, hasta definir el alcance y ejercicio de esos nuevos Derechos Humanos.
Las sucesivas “generaciones” de Derechos Humanos suponen un proceso continuo de adaptación y redefinición de los mismos, no de su sustitución o eliminación.  Esta quinta revolución tecnológica  en una sociedad que se proclama globalizada, implica la aparición de nuevas necesidades  junto con  nuevos derechos y deberes, y los Derechos Humanos  no son  un conjunto cerrado y acabado.
El mundo y la vida son sistémicos, holísticos,  y cuando algo cambia afecta a todo lo demás. Así pasa con los Derechos Humanos, siempre dejando a salvo  los valores básicos  de la dignidad humana  de la que emanan. La dignidad humana ha solido ser olvidada por  ideologías y comportamientos a lo largo de la Historia, pero no por nuevos paradigmas tecnológicos, cuando son justa y debidamente utilizados en favor de la humanidad.
Sin olvidar a  otras especies y a la naturaleza del planeta en que vivimos,  que no se deben ni se pueden olvidar, pero que no son Derechos Humanos, sino temas de responsabilidad, sostenibilidad y en definitiva Ética.
 
 

miércoles, 3 de abril de 2013

Desarrollo mundial y ascenso del Sur.



 
 
 
El Informe sobre Desarrollo Humano 2013 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo destaca el ascenso del Sur como aspecto significativo y relevante del progreso humano en el mundo.

Países en desarrollo con economías importantes y dinámicas, y creciente influencia política, están logrando un impacto significativo tanto en las dimensiones económicas  del desarrollo humano como en otras dimensiones del mismo, realizando  aportes significativos al pensamiento del desarrollo.

Para el año 2020, la producción económica total de tres de los principales países en desarrollo (Brasil, China e India) superará la producción total de Canadá, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos. Gran parte de esta expansión es impulsada por nuevas asociaciones de comercio y tecnología en el interior del mismo Sur. Sin embargo, un mensaje clave es que el crecimiento económico por sí solo no se traduce automáticamente en el progreso del desarrollo humano. Políticas en favor de los desfavorecidos e inversiones significativas en las personas son necesarias para expandir el acceso a un trabajo digno y brindar un progreso sostenido.
 
 
 
 
Se identifican cuatro áreas específicas para sostener el impulso del desarrollo:
 
-       Mejorar  la igualdad, incluida la dimensión de género.
-       Conceder  voz y participación a los ciudadanos, incluidos los jóvenes.
-       Hacer frente a los problemas medio-ambientales.
-       Gestionar el cambio demográfico.
 
 
 
 
A medida que los desafíos del desarrollo mundial se tornan más complejos y de naturaleza transfronteriza, resulta esencial una acción coordinada en los desafíos más apremiantes de nuestra Era, ya sea la erradicación de la pobreza, como el cambio climático, la paz y la seguridad. Debido a que los países cada vez están más interconectados a través del comercio, la migración y las tecnologías de información y comunicación,  las decisiones políticas tomadas en un lugar tienen impactos sustanciales en otros lugares. Las crisis de los últimos años que han arruinado la vida de tanta gente señalan esta cuestión y la importancia de trabajar para reducir la vulnerabilidad de los ciudadanos ante ellas.

Para apuntalar la riqueza de conocimiento, experiencia y pensamiento del desarrollo en el Sur,  es preciso crear nuevas instituciones que puedan facilitar la integración regional y la cooperación Sur-Sur. Los países emergentes del mundo en desarrollo son ya fuente de políticas sociales y económicas innovadoras, y son cada vez  socios más relevantes de la cooperación al desarrollo, del comercio y de las inversiones para otros países.

Se requiere una mirada crítica a las instituciones de gobernanza mundial para promover un mundo más justo e igualitario. Existen estructuras desactualizadas, que no reflejan la nueva realidad económica y geopolítica, y se requiere una nueva era de asociación, así como más transparencia y rendición de cuentas, y resaltar el papel de la sociedad civil mundial en la defensa de los Derechos Humanos, así como un mayor poder de toma de decisiones para quienes resultan más directamente afectados por los problemas mundiales, que son las personas más pobres y vulnerables de nuestro planeta.

El mundo está en constante cambio, y la comprensión del actual desarrollo estatal o mundial  mejoraría mucho con las experiencias de progreso y desarrollo de muchos países  del Sur.
 
 
 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Sobre la sobreexplotación, la contaminación, la sostenibilidad, y el consumo.




El Desarrollo Sostenible es un  puente de enlace entre presente y futuro, teniendo en cuenta que los recursos a sostener no son sólo ecológicos, sino también económicos y sociales.
La “crisis” actual es tan grave que ha cambiado el “statu quo”, y por primera vez hace que se plantee la cuestión sobre si el futuro va ser peor. La liberalización de los recursos del sistema, genera que haya más riqueza concentrada y más pobreza general.
En esta problemática están incluidos servicios públicos, entidades con ánimo de lucro, entidades sin ánimo de lucro, y los ciudadanos, quienes deben de tener en cualquier caso derechos civiles y políticos, pero también responsabilidades. Entre las responsabilidades de la ciudadanía están incluidas el uso y el consumo razonable de bienes y servicios.
La democracia participativa puede cambiar de imagen, pasando de estar mal vista por los gobiernos, cuando el poder tenía “cara y ojos”, a estar mejor vista porque la podrían necesitar los gobiernos, cuando el poder no tiene “cara y ojos”, porque lo detentan transnacionales y fondos de inversión, contra los cuales los propios gobiernos no saben cómo debatirse. De ahí lo conveniente del asociacionismo, y de su deseable  independencia económica, frente a la actuación de partidos políticos y su actuación vía subvencionismo. Con o sin partidos, los DDHH y las constituciones otorgan a los ciudadanos libertad de pensamiento, opinión, expresión, y reunión. Votar cada 4 años no significa callar durante 4 años.
Los medios de comunicación, y la prensa en concreto, con su especial “crisis”, hacen plantearse la necesidad de buscar en la red versiones digitales alternativas. La propiedad de los medios pasa a inversores que buscan rentabilidad e ideología, lo cual implica censura y filtro, directo o indirecto, y deja a cada persona la tarea de buscar fuentes de opinión alternativas para crearse un recto juicio.
La sostenibilidad se ve afectada por la  contaminación y por la sobreexplotación, que es económica y social, y afecta al modelo económico- social.
La sobreexplotación es el consumo desaforado de recursos, que afecta a la biosfera, y reduce los recursos naturales y la biodiversidad. Ante esto hay opciones y acciones personales posibles, si bien están siempre condicionadas por el sistema. Pero la cultura, la educación, y la decisión personal dejan un margen al “decir NO” personal. Se trata de dejar una huella ecológica liviana.
Las prácticas de sobreexplotación son sistémicas, y se dan en todos los ámbitos de las actividades humanas. La sociedad civil es también responsable, pero está sin estructurar, aunque en casos extremos puede mostrar grandeza y solidaridad, o también vileza y egoísmo. La responsabilidad ciudadana tiene su “curva de recorrido”, que da lo que da, pero da para algo.
La potencial amenaza ecológica de China, donde todavía “sólo” hay 100 millones de personas de clase media, pero creciendo, es temible.
Los “think tanks" deberían ser también consideradas asociaciones responsables de la sostenibilidad mundial o de todo lo contrario, así como las fundaciones, que dicen que financian la cooperación para el desarrollo, pero en realidad financian el soporte académico de su ideología en universidades de prestigio, incluso con premios Nobel de economía que no abarcan la ecología y la sociología en sus temas de estudio y actividad.
La contaminación de la biosfera por el consumo de  materiales y energía afecta al cambio climático, y no en tiempo geológico (largo), sino en tiempo social (corto)
A este respecto:
-          La cooperación internacional para el  desarrollo, y los acuerdos internacionales sobre temas ecológicos y medioambientales, no se cumplen.
-          La ordenación del territorio no es compatible con prácticas de “fracking”, por ejemplo.
-          La conservación de hábitats y espacios naturales no es prioritaria, ni respetada
En el caso del Protocolo de Kioto y de la Cumbre de Río los gobiernos tienen los acuerdos estancados, en “tierra de nadie”. Los países desarrollados, con daños ya realizados pero no compensados, y  los países en vías de desarrollo con daños en curso que no se detienen por no querer aceptar limitaciones que otros países no han tenido en el pasado en sus fases de desarrollo, que ahora gravarían su competitividad, lo cual conviene a las empresas transnacionales que se deslocalizan a esos países.
Los informes de Responsabilidad Social de las empresas se han convertido en herramientas de marketing, de dudosa credibilidad y eficacia, y poco adaptados en sus informaciones e indicadores a las necesidades: los indicadores de desarrollo sostenible abarcan no sólo el ámbito ecológico, sino también el económico y social. Actualmente no se distingue  el desarrollo sostenible del desarrollo humano, que incluye la esperanza de vida, alfabetización, salud, cohesión social, etc…
En la Agenda 2020 de la UE se incluyen el desarrollo socioeconómico, el consumo y la producción sostenible, la inclusión social, la demografía, la salud pública, el cambio climático y la energía, etc…Que se cumpla es ya otra cuestión.
 
 

 

 

 

 

 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sobre el origen de la Unión Europea y su situación actual.



Frecuentemente se escuchan “mitos fundacionales”, que en el caso de la Unión Europea (UE) son también “existenciales”. Según ellos, la UE se basó en la solidaridad, la visión política, el consenso, y la transparencia. Pero, en realidad, se basó en la necesidad histórica, sin descartar intereses , conveniencias y conflictos. Y no exenta de opacidad respecto a la ciudadanía.

Tras la Segunda Guerra Mundial,  no se sabía cuanto tiempo iba a durar la paz. Apenas terminada la guerra, surgió la amenaza de otra guerra, que podía enfrentar esta vez  Este y  Oeste.

En 1947 fracasó la conferencia de Moscú sobre la cuestión alemana, entre Occidente y la Unión Soviética, su aliada en la lucha contra el nazismo. El "golpe de Praga" de 1948, y el bloqueo de Berlín durante la primavera de 1949 vinieron a avivar la tensión.

En 1949 los países de Europa Occidental firmaron con los Estados Unidos el Pacto Atlántico (OTAN), y ese mismo año tuvo lugar la explosión-prueba de la primera bomba atómica soviética,  hechos que contribuyeron a propagar el ambiente de temor que se llamó "guerra fría".
 
Alemania Federal, volvía a dirigir por sí misma su política interior, (no la exterior), desde la entrada en vigor de la Ley Fundamental de 1949, y pasó a ser una de las discordias en la rivalidad Este-Oeste.
 
Los Estados Unidos deseaban acelerar la reconstrucción económica de un país, Alemania Federal, situado en el corazón de la división del continente: en América se alzaban voces que solicitaban el rearme de la potencia vencida.

La diplomacia francesa se debatía en el dilema: o bien cedía a la presión norteamericana y, en contra de la opinión pública de su país, admitía ceder soberanía  en el Ruhr y el Sarre, zonas carboníferas, o bien mantenía una postura rígida, enfrentándose a su principal aliado, y llevando sus relaciones con Alemania Federal a un callejón sin salida.

En la primavera de 1950, los jefes de las diplomacias norteamericana y británica habían planteado a su homólogo francés, Robert  Schuman, ministro de Asuntos Exteriores francés, natural de Lorena, una “misión imperativa”: presentar una propuesta para integrar a Alemania Federal en el bloque occidental. Se convocó al respecto para el 10 de mayo de 1950 una reunión de los tres gobiernos. Francia no podía negarse a cumplir el encargo.

A los problemas políticos se sumaban las dificultades económicas. El potencial siderúrgico de los diversos países europeos hacía pensar en una inminente crisis de superproducción de acero. La demanda disminuía, los precios descendían. Todo ello daba origen al temor de que los productores volviesen a constituir un “cártel” para limitar la competencia. En plena fase de reconstrucción, las economías europeas no podían dejar sus industrias básicas a expensas de la especulación y la escasez organizada.

Ante estas dificultades la diplomacia tradicional resultaba impotente, y Robert Schuman recurrió a un hombre aún desconocido por la gente, pero que había acumulado una experiencia extraordinaria a lo largo de su carrera internacional: Jean Monnet.

Jean Monnet, natural de Cognac, era uno de los europeos más influyentes del mundo occidental. Monnet desempeñaba por aquel entonces el cargo de comisario del plan francés de modernización, para el que De Gaulle le había nombrado en 1945 con el cometido de levantar económicamente Francia. Ya en la primera guerra mundial había organizado las estructuras de aprovisionamiento de las fuerzas aliadas. Posteriormente fue secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones, y banquero en los Estados Unidos, Europa del Este y China. Trabajó también al servicio del presidente Roosevelt, quien lo tuvo entre sus asesores más influyentes, y fue el artífice del programa que garantizó la superioridad militar de los Estados Unidos sobre las fuerzas del Eje. Aunque carecía de mandatos políticos asesoraba a los gobiernos. Su reputación era la de ser un hombre pragmático con la eficacia como norma principal.
 
Según Jean Monnet, la tensión quedaría atenuada fomentando la unidad europea. Jean Monnet conocía los fracasados intentos de integración, desde que el Congreso de La Haya organizado en 1948 por el Movimiento Europeo hiciera un llamamiento solemne a la unión del continente.

Tras la 2ª Guerra Mundial, en 1946, se estableció una nueva arquitectura económica en Bretton Woods (EEUU), donde el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) fueron creados y recibieron el mandato explícito de impedir “shocks” y quiebras en las vulnerables economías de la posguerra, y velar por la liquidez mundial.

En 1947 tuvo lugar la Conferencia de la Habana que,  décadas después dio lugar a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Uno de los promotores del FMI fue John Maynard Keynes. Pero estas instituciones financieras mundiales han tenido con el transcurso del tiempo una deriva neoliberal y globalizadora, y ahora se caracterizan por promover Planes de Ajuste Estructurales para los países que necesitan ayudas, y a promover la desregularización, liberalización, y privatización de la economía mundial.
 
Por entonces, la Organización Europea de Cooperación Económica sólo tenía competencias de Coordinación, y no había sido capaz de impedir que la reconstrucción económica de los países europeos se llevase a cabo conforme a esquemas nacionales, con el Plan Marshall liderado por los Estados Unidos financiando la reconstrucción de sus aliados.
 
La creación del Consejo de Europa en 1949 demostraba que los gobiernos no estaban dispuestos a dejarse recortar sus prerrogativas: la Asamblea Consultiva sólo tenía poderes de deliberación, y todas sus resoluciones, que debían aprobarse por mayoría de dos tercios, podían quedar paralizadas por el veto del Comité de Ministros.

Jean Monnet  sabía que era ilusorio pretender crear de una sola vez una estructura institucional completa, sin suscitar en los Estados tantas reticencias como para hacer que cualquier iniciativa de este tipo se viera condenada al fracaso de antemano. Los ánimos no estaban como para admitir cesiones de soberanía.

Era preciso limitarse en los objetivos a sectores concretos de gran importancia, como lo eran entonces el carbón y el acero, y crear un mecanismo de decisión conjunta que, poco a poco, fuera recibiendo nuevas competencias.

Jean Monnet y sus más cercanos colaboradores redactaron durante los últimos días de abril de 1950 un documento de unas páginas, con la exposición de motivos y la parte dispositiva de una propuesta llamada a romper con todos los esquemas. En lugar de proceder a las tradicionales consultas con los servicios ministeriales competentes, Monnet rodeó ese trabajo del máximo secreto con el fin de impedir cualquier objeción o contrapropuesta.

El  9 de mayo de 1950 , en el mismo momento en que el ministro francés Robert Schuman estaba defendiendo su propuesta ante sus colegas del gobierno,  un emisario secreto de su gabinete la comunicaba en persona al canciller alemán  Adenauer. La reacción de este último fue inmediata y entusiasta, respondiendo en el acto que aprobaba de todo corazón la propuesta. Por consiguiente, Robert Schuman contaba ya con el debido apoyo de los gobiernos francés y alemán cuando hizo pública su declaración durante una rueda de prensa celebrada en el Quai d'Orsay ese mismo día.

La declaración enunciaba una serie de principios. Europa no se haría de una sola vez, sino mediante realizaciones concretas. Era preciso establecer, en primer lugar, "solidaridades de hecho":

- Debía eliminarse la secular oposición entre Francia y Alemania. La propuesta incumbía principalmente a estos dos países, pero estaba abierta a todas las demás naciones europeas que suscribiesen sus objetivos.

- La actuación inmediata debía afectar a un sector "limitado, pero decisivo": la producción franco-alemana de carbón y acero, que debería someterse a una alta autoridad común.

- La fusión de estos intereses económicos contribuiría al aumento del nivel de vida y a la creación de una comunidad económica.

- Las decisiones de la alta autoridad tendrían fuerza ejecutiva, y serían vinculantes para los países que se sumasen al proyecto. La alta autoridad estaría integrada, con criterios paritarios, por personalidades independientes.

Para que la iniciativa francesa, convertida en iniciativa franco-alemana,  se hiciese realidad, Francia convocó para el 20 de junio de 1950 en París una conferencia intergubernamental cuya presidencia asumió Jean Monnet. Los tres países del Benelux o Países Bajos (Bélgica, Holanda, y Luxemburgo), e Italia, respondieron al llamamiento y estuvieron presentes en la mesa de negociaciones.

Las conversaciones permitieron lanzar un  proyecto internacional. No se pusieron en cuestión ni la independecia ni los poderes de la alta autoridad, lo cual constituía el punto central de la propuesta. A solicitud de los Países Bajos, se instituyó un consejo de ministros en representación de los Estados que, en determinados casos, tendría la facultad de emitir dictámenes vinculantes. Una asamblea parlamentaria y un tribunal de justicia completaban el mecanismo. Fue la base del sistema institucional de la actual UE.

El 18 de abril de 1951 se firmó en París el Tratado fundacional de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), lo opuesto al Tratado de Versalles impuesto a Alemania tras la Primera Guerra Mundial, con un período de vigencia de cincuenta años. Tras su ratificación por parte de los seis Estados signatarios el 10 de agosto de 1952, la Alta Autoridad presidida por Jean Monnet se instaló en Luxemburgo.

Como se puede ver, no se trató de una negociación diplomática clásica. Las personas designadas por los seis gobiernos se habían reunido para crear un sistema jurídico-político completamente nuevo, y que aspiraba a perdurar.

El preámbulo del Tratado de la CECA, que constaba de cinco párrafos, contenía toda la filosofía que, aún hoy, sigue inspirando a los promotores de la construcción europea.

Jean Monnet estaba convencido de que únicamente el principio de igualdad entre los Estados podría crear una nueva mentalidad. Pero también era consciente de la dificultad de lograr que seis países de dimensiones diferentes renunciaran al derecho de veto.

El 4 de abril de 1951, se reunió en Bonn con el canciller Adenauer para convencerle de las virtudes del principio de igualdad:

"Se me ha autorizado a proponerle que las relaciones entre Alemania y Francia en la
Comunidad se rijan por el principio de igualdad en el Consejo y la Asamblea, así como en todas las instituciones europeas actuales o futuras (...). Por mi parte, deseo añadir que éste, y no otro, es el espíritu que desde el principio quise imprimir a la oferta de unión que está en el origen de este tratado. Espero que, según creo poder deducir de las conversaciones que mantuvimos en nuestro primer encuentro, comparta usted esta opinión. El espíritu de discriminación ha sido la causa de los mayores males del mundo. La Comunidad es un intento de combatirlo."

La respuesta del canciller alemán, Adenauer, fue inmediata:
 
"Usted conoce mi empeño en defender para mi país la igualdad de derechos en el futuro y mi condena de la empresas de dominación a las cuales se ha visto arrastrado en el pasado. Me complazco en manifestarle mi completo acuerdo con su propuesta, ya que no puedo concebir la Comunidad sin igualdad total".

De esta manera quedaba asentado uno de los fundamentos jurídicos, de alcance moral, que da sentido a la idea de Comunidad.

La obra emprendida en 1950 ya no iba a detenerse, tras el Tratado de Roma de 1957,  y  menos aún tras la caída del Muro de Berlín en 1989, y el derrumbe de la Unión Soviética en 1991.

 

Pero aún hoy día a la UE le falta soberanía, homogeneidad financiera, legitimación política, y sufre un déficit democrático notable, como se ha puesto de manifiesto con ocasión de la crisis mundial iniciada en 2008, y que no es tal crisis, sino un nuevo modelo social y un nuevo orden mundial.

La concesión a la UE del Premio Nobel de la Paz en 2012 prescinde de la realidad del cambio de la naturaleza de la guerra en Occidente. Las actuales guerras son económicas y financieras, no armadas, lo cual no quiere decir que no haya víctimas. Efectivamente el desmontaje del Estado del Bienestar Europeo, o más aún, de la Economía Social en Europa, plantea importantes problemas éticos e ideológicos, con víctimas en la ciudadanía y en las empresas, que no se ven tratados de la misma forma que la Banca. Ya no es preciso invadir militarmente un país para apropiarse de sus recursos, ahora eso lo hace la deuda, y el manejo de los intereses de la misma por medio de "ratings", primas de riesgo, etc…en perjuicio de la justicia social y el progreso económico, que eran el otro pilar del edificio común europeo.

La Europa de dos velocidades que se ha creado, facilitada por las políticas de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE), y el FMI, crea una situación que rompe con la vocación igualitaria y solidaria de los tratados fundacionales, origen histórico de la actual Unión Europea (UE).
 
Es notoria  la presencia en Bruselas de oficinas que representan ante las instituciones europeas los intereses de cientos de empresas transnacionales, y con un ratio de 5 “lobbistas” por cada parlamentario europeo, la Unión Europea puso en marcha entre el 2004 y el 2008 un nuevo proyecto de estudio para modificar su gobernanza, e impulsar nuevos modos de gobernanza en Europa, para gobernar a la sombra de la jerarquía. Fue el proyecto “New Modes of Governance in the European Union”, dentro del 6º programa marco de investigación de la UE, llevado a cabo por el NEWGOV Consortium, coordinado por el Robert Schuman Centre for Advanced Studies, dentro del European University Institute de Florencia.

Parece que se entiende la gobernanza como una manera específica de elaborar normativas y bienes públicos creados mediante coproducción, entre coproductores de diferentes niveles en una Europa multinivel. Estas nuevas formas de gobernanza reflejarían la creciente importancia de redes de decisión público-privadas, que implican a diferentes niveles y tipos de autoridades públicas. Dichas formas incorporarían un nuevo estilo de toma de decisiones que es fuertemente dependiente de relaciones mutuas e interdependientes pero no jerárquicas, junto con nuevos modos de resolución de problemas y elaboración de consensos. Evidentemente, estos nuevos modos de gobernanza de los que no se habla mucho,  tienen posibles consecuencias estructurales e institucionales, a niveles nacionales y europeos,  e importantes implicaciones respecto a su posibilidad de homologación  democrática.

Parece evidente que la UE  es hoy una parte importante de la globalización mundial y de la gobernanza global mundial, en su variante hegemónica: la neoliberal. Incluso la UNESCO ha recibido a ese respecto el mandato-proyecto para Global  Education. Y no es de extrañar, porque Jean Monnet ya escribió al final de sus memorias, en 1975, que las formas de vida nacionales pertenecían a una fase anterior de la historia, y que la misma Comunidad Europea no era sino una etapa más hacia nuevas formas de organización del mundo de mañana. Incluso opinaba que el tiempo pasaba, y Europa tardaba en seguir el camino emprendido. Lo cual no es óbice para que no sea discutible tanto la idea como la modalidad…

En 2012 y en plena “crisis”, se ha elaborado el nuevo Tratado de Estabilidad, Coordinación, y Gobernanza de la UE. Mediante el mismo se pretende sustraer en los Estados Miembros cualquier posibilidad democrática de participación en temas de política económica, con lo que se convierte a la UE en un ente ordoliberal, más que neoliberal. Efectivamente:

-          Se endurece el tratado de Maastricht en temas de déficit presupuestario y deuda pública, y se introducen mecanismos de corrección automáticos.

-          Se obliga a los Estados a introducir dichas obligaciones con rango constitucional.

-          Se instalan programas de convergencia rápida hacia la regla de equilibrio presupuestario, con mecanismos automáticos de corrección.

Supuestamente se pretende con ello acabar con toda reglamentación o contrapoder político o social que tras la 2ª Guerra Mundial haya limitado el poder de inversores y capitalistas, y arrebatar la política económica de las manos de gobiernos de elección democrática, para entragarla a organismos independientes compuestos por expertos y por tecnócratas que no tienen que rendir cuentas a los pueblos ni a los ciudadanos. La gobernanza se vuelve más  opaca, y la “solidaridad” está condicionada a que se siga avanzando en el desmantelamiento del Estado Social: sanidad, educación, pensiones.

Todo ello ha supuesto en concreto en España otro tipo de socialización: la de las pérdidas y deudas bancarias, convertidas en públicas o soberanas, a costa de la economía real, la que afecta a las empresas no transnacionales, y a los ciudadanos, con efectos desgraciadamente ya de sobra conocidos: quiebras, paro, pobreza, desahucios. Y lo que venga...

Sin duda, hay alternativas (desmundialización, alterglobalización, etc…), pero los que las proponen no tienen el poder, y los que detentan el poder no tienen voluntad política.

Las cosas han cambiado mucho, y no parece que hoy en día, en el 2012, la canciller alemana repitiese las palabras que pronunció el canciller alemán Adenauer en 1950.
 
¿Acaso es el precio a pagar por la ciudadanía europea?...No, es el precio que hace pagar la ideología hegemónica dominante en esta fase histórica del capitalismo.