domingo, 18 de junio de 2017

A un grito interno.





                        1

Ansiedad me visita con tristeza,
por valores, años y años trabajé.
Los motivos escasean, mas sabré
explicarme, si tengo la destreza.

Grito interno me anima a la presteza,
me preocupa no saber qué narraré,
acabado este soneto lo sabré
si con tesón supero la  pereza.

Destino e imposible conjuntados,
no perdura la obra de una vida,
familia y dignidad sean salvados.

Breves futuros, pasados añorados,
a diario nostalgias y recuerdos,
silencios son de seres alejados.

                         2

Compañeros, ¡no vale ya negarlo!,
evitamos celebrar una comida
para no resentir ninguna herida.
Nada en común: no cabe celebrarlo.

¡Quién sabe lo que pasa por la mente!,
para no cruzar ya nuestras miradas
preferimos olvidar algunas caras,
los años no han pasado inútilmente.

Falta aprecio, la historia está trucada:
se olvida, por dinero, ingratamente,
difaman a quien lucha bravamente.

Ya nada vale la palabra dada,
la empeñan por vivir cómodamente,
verdad, sin apariencia, irrespetada.

                         3  

Feliz verso: lo narrado ya lo sé
y doy por acabado el compromiso.
Sonetos son, con estrambote aviso:
ahora aquí lo empezado terminé.










miércoles, 14 de junio de 2017

Soneto a un amigo que escribió un ensayo.



Escribir sobre un tema tan manido
estimé yo ser una osadía,
mas Vuesa Merced lo ha desmentido
saliendo triunfador en la porfía.

A veces nos ofusca un erudito
por tomarnos en nada sin pensar,
tras tan sin par ensayo bien escrito
poco queda ya por demostrar.

Qué callado lo tenía Su Merced!
Para poner en un papel tanta cabeza
hace falta ser un genio, voto a diez!

Más me vale buen amigo muy cabal
que eruditos cien mil puestos en fila,
mejor buen criterio que lección banal.


viernes, 9 de junio de 2017

Gottfried Leibniz: filósofo y científico, o viceversa.


Sobre la filosofía de Leibniz podemos, con más calma, tratar otro día.
Hoy toca reivindicar sus no muy conocidas, pero trascendentales, aportaciones a la ciencia.

Gottfried Leibniz (1646-1716) es uno de los grandes científicos que ha tenido la humanidad.
Veamos:

●Inventó:

•El cálculo infinitesimal (mejor que el de Newton).
•El sistema binario de numeración.

●Descubrió:

•La eliminación de Gauss.
•La lógica booleana.
•La idea de la conservación de la energía.
•La idea de que el espacio y el tiempo no eran absolutos sino relativos (antes que Poincaré y Einstein).

Más que suficiente para brillar muy alto en el firmamento científico.

Contemporaneo y coetaneo de Sir Isaac Newton, tuvieron entre ellos sus roces, dimes y diretes, pero ¿quién no los tuvo con Sir Isaac, si se cruzaba con él para bien o para mal?

Gran verdad es que la Humanidad avanza a hombros de gigantes: Leibniz  es uno de ellos.


Bertso berriak baserriari jarriak.



Baserri udaberrian
ezti bezain gozo,
ez dago mundu osoan
itxuraz hobeto.

Lore gorri bidean
usain lorioso,
kortan ondo lotuta
mantsoa astotxo.

Kutxa ederran gordeta
altxorra prezioso,
sagarrondoa ortuan
itzalpe eroso.

Mendian ederrena:
landak eta baso,
bizitzeko lekua
lasai ta ditxoso.




miércoles, 15 de junio de 2016

Haciendo inventario o el arte de perder.




Recuerda que una parte del sufrimiento personal es inevitable, pero otra gran parte del mismo no lo es: es  evitable e inútil. El dolor que genera se puede reducir, incluso eliminar, mediante la atenta aceptación de la realidad en cada "aquí y ahora".
El tiempo ayuda, no se trata de olvidar, sino de aprender a recordar sin sufrir. No es fácil, debido a la naturaleza humana. Esperamos demasiado de otros.
No es cierto que seamos racionales. Los sentimientos pueden en nosotros más que la razón (cuestión de bioquímica,  hormonas y sinapsis cerebrales).
La razón y la ACEPTACIÓN de la REALIDAD ayudan a EVITAR el sufrimiento INÚTIL. Resulta casi imposible superar dificultades extremas sin compartirlas y verbalizarlas con alguien de confianza. La "gente" no pinta nada en todo eso.
Las pasiones humanas siempre son las mismas: las pulsiones entre el deber y el placer o el dinero, y entre el amor y el poder o la gloria (y sus respectivos vínculos cruzados).

FGA

"The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent to be lost
that their loss is no disaster.
Lose something every day.
Accept the fluster of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.


Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant to travel.
None of these will bring disaster.


I lost my mother’s watch.
And look! my last, or next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.


I lost two cities, lovely ones.
And, vaster, some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster. 


Even losing you (the joking voice, a gesture I love) I shan’t have lied.
It’s evident the art of losing’s not too hard to master, 
though it may look like (Write it!) like disaster."
(Elizabeth Bishop)


"What is this life if, full of care,
We have no time to stand and stare.
No time to stand beneath the boughs
And stare as long as sheep or cows.
 
No time to see, when woods we pass,
Where squirrels hide their nuts in grass.
No time to see, in broad daylight,
Streams full of stars, like skies at night.
No time to turn at Beauty's glance,
And watch her feet, how they can dance.
No time to wait till her mouth can,
Enrich that smile her eyes began.
A poor life this if, full of care,
We have no time to stand and stare."

(William Henry Davies)


"Trabajé el aire,
se lo entregué al viento:
voló, se deshizo,
se volvió silencio.
Por el ancho mar,
por los altos cielos,
trabajé la nada,
realicé el esfuerzo,
perforé la luz,
ahondé el misterio.
Para nada, ahora,
para nada, luego;
humo son mis obras,
cenizas mis hechos.
...Y mi corazón
que se queda en ellos."
(Ángel González)

 
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo,
supe que todo no era más que nada.
 
Grito “Todo”, y el eco dice “Nada”.
Grito “Nada” y el eco dice “Todo”.
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
 
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era nada).
 
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
(José Hierro)




domingo, 18 de octubre de 2015

Deporte, valores e idiosincrasia.



 
 
Se han desarrollado con furia inconsciente innumerables frivolidades y ejercicios. No  es que yo censure la práctica de algunos juegos de palmaria eficacia educadora. Usados con prudencia y mesura, durante la adolescencia y juventud, robustecen el sistema muscular, agudizan la vista, dan aplomo y serenidad ante el peligro y, en fin, desarrollan el espíritu de cooperación, solidaridad y compañerismo. Lo que fustigo es la frenética exageración. Y deploro la idolatría del público hacia ciertos campeones afortunados, consagrándoles como héroes, sin reparar en que no se contentan con sencillas coronas de laurel u otras distinciones honoríficas, sino con los opulentos honorarios del profesionalismo. Y el mal ejemplo cunde. Todos aspiran a ser profesionales bien remunerados.
Es de ver cómo la chiquillería convierte en palenques de balompié todas las plazas y calles anchurosas y cómo los aficionados entusiastas se extasían ante las fotografías de los “ases”. Defecto incorregible es la imitación de todas las frivolidades extrañas, verdaderas excrecencias parásitas de la civilización universal. Suponemos, ilusos, que a la práctica de esos deportes deben los pueblos anglosajones su supremacía. Y nos olvidamos de sus altos valores morales e intelectuales. Y esos valores, ambición, perseverancia, laboriosidad, patriotismo, disciplina, combatividad espartana, etc., no se enseñan en los estadios sino en las escuelas y colegios.
En el carácter tenaz y perseverante de los anglosajones influyen más los grandes ejemplos de su historia, y en el fondo del alma inglesa late una energía heroica, a prueba de fracasos y contrariedades. El denuedo y altivez ingleses comienzan en las enseñanzas de las “nurses” y terminan con la disciplina mental de los “Colleges”, que son escuelas de energía y emulación.
Durante mis visitas a Inglaterra he tenido ocasión de conversar con sabios insignes acerca de la posible influencia intelectual de los deportes y he sabido, como ya presumía, que de los deportistas fogosos y perseverantes no ha salido ningún entendimiento de primer orden. Los sabios, los políticos enérgicos y clarividentes y los grandes industriales , muchos de ellos educados en Oxford y Cambridge, sedes de las competiciones deportivas, cuidaron más, durante la adolescencia y juventud, de hipertrofiar y diferenciar sus neuronas que de robustecer los músculos y ampliar la caja torácica.
Y lo peor es el arrollador estímulo causado por los triunfadores sobre los débiles e insuficientes. Los deportes físicos, no deben encaminarse a producir “ases”, de pujanza excepcional, sino a elevar prudentemente la robustez del promedio, vivero de luchadores en las contiendas pacíficas del trabajo social.
(Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1906, texto parcial escrito en 1934)
 
 
 
 
 

 

sábado, 3 de octubre de 2015

Antipatías y enemistades.





Somos algo responsables del encono o aversión de algunas otras personas. La hostilidad activa o pasiva de los demás representa, a menudo, el reflejo de nuestros defectos. Peligroso es proclamar verdades amargas, pero ¿estamos bien seguros de que, dulcificadas con bondadosa indulgencia, no habrían sido mejor toleradas y acaso agradecidas? ¿Hemos disimulado contrariedades y displicencias en momentos que pedían comprensión, simpatía y cordialidad? ¿No habremos regateado algún elogio merecido? ¿Hemos cumplido diligentes con los deberes de la cortesía? ¿Estamos seguros de haber acudido solícitos y generosos al hogar de compañeros contristados o abatidos por desgracias de familia, o reveses de fortuna? ¡Son tantas las faltas imputables al carácter, la pereza, al mal humor o la excesiva absorción en el trabajo obsesionante!...Ellas explican o excusan antipatías y enemistades.
Hay un fondo de razón en quienes afirman que los viejos son incomprendidos por los jóvenes. Es que vivimos en capas sociales diferentes, y adoptamos actitudes contrapuestas. Como atravesamos fases evolutivas diferentes, la diversa arquitectura cerebral estorba la mutua intelección. Les hablan de una cosa absurda e inútil: la experiencia. Pero no exageremos, muchas son las excepciones. Todos, además, conocemos jóvenes mentalmente viejos y ancianos seductoramente jóvenes.
(Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1906, texto parcial escrito en 1934)